Cada baldosa hidráulica se fabrica a mano, una a una, con moldes metálicos y una prensa hidráulica. Seleccionamos rigurosamente materias primas de calidad, como el cemento Portland, la arena, el polvo de mármol, el agua y los pigmentos naturales, para lograr acabados excepcionales.
Nuestras baldosas hidráulicas son fruto de un saber hacer artesanal marroquí ancestral, realzado por la experiencia técnica alemana gracias a Daniel Bailo, fundador de nuestra empresa en Marruecos. Rodeado de 23 artesanos experimentados, el Sr. Bailo ha sabido unir tradición e innovación para crear baldosas hidráulicas únicas, en las que se entrelazan calidad y estética.
A diferencia de las baldosas cerámicas, nuestras baldosas no se cuecen: adquieren su resistencia mediante un proceso de secado controlado. Una capa pigmentada de 3 a 4 mm garantiza una resistencia excepcional y una gran durabilidad. El encanto de las baldosas hidráulicas reside en sus sutiles variaciones: grosor, tamaño, color e incluso algunas irregularidades en los bordes o en los motivos. Estas imperfecciones, propias del proceso artesanal, confieren a cada baldosa una autenticidad única.
Con el tiempo, el cemento y los pigmentos pueden producir un efecto ligeramente moteado, parecido a la cal, que añade una pátina natural que se embellece con los años. Para conservar su belleza, nuestras baldosas requieren una impermeabilización cuidadosa, adaptada a su uso y al aspecto final deseado. Un mantenimiento con productos adecuados es esencial para proteger la superficie sin alterar su textura natural.
Algunas ceras o jabones pueden crear una película visible con cierta iluminación, dando un efecto descascarillado que forma parte del encanto de estos materiales vivos. En resumen, nuestras baldosas hidráulicas son mucho más que un simple revestimiento: son piezas únicas que evolucionan y mejoran con el tiempo, enriqueciendo su espacio con su carácter auténtico y atemporal.